martes, 14 de abril de 2015

LaS CaRgAs

¿Cuántas cargas lleváis encima?. De esas que no se ven, pero que pesan, ¿cuántas de ellas las podríamos dejar? ¿porque las seguimos llevando?

Buscando respuestas, desechándome de cargas...

Las Cargas:

Llevaba varios días caminando, decidida, con ganas, contenta. Sabía dónde quería llegar y lo tenía claro. Los habitantes del bosque se la quedaban mirando sorprendidos, pues ella nunca había hecho las cosas con seguridad, siempre dubitativa. Pero ahora su fuerza sorprendía a todos.
Helena era la elfa más joven del bosque mágico. Vivía en la última cabaña, la más pequeña y la que más se veía desde lejos por su color.
Desde hacía varios meses Helena se asomaba a su ventana y veía las montañas de lejos, muy lejos y pensaba: “cómo me gustaría llegar allí”. Un día cansada de no hacer lo que su cuerpo le pedía, cogió su maleta, la cargó con las cosas que ella pensaba indispensables y se fue a las montañas.
Al llegar al bosque se encontró que para continuar tenía que atravesar un río, pero ella no sabía nadar. Así que decidió hacerse una pequeña barquita para cruzar. Se quedó allí varios días hasta que la tuvo acabada, y cruzó.  “La llevaré conmigo por si encuentro otro río”- pensó Helena. Pero el camino se le hacía cada vez más difícil y más lento.
Al llegar a las grandes explanadas fangosas se dio cuenta que no llevaba unas botas adecuadas para caminar por aquellos senderos y que podría hundirse, así que decidió quedarse en el pueblo y fabricarse unas botas de caucho. Le llevo bastante tiempo, pero finalmente las acabo y pudo seguir su camino. “Las llevaré conmigo por si encuentro otros senderos así”-  pensó Helena. Pero su viaje cada vez se le hacía más complicado y duro, puesto que no podía cargar con tanto peso.

Helena llego a las grandes colinas y se dio cuenta que para poder subirlas necesitaría unos palos duros y resistentes para poder sostenerse. Así que los construyo y se demoró unos días. La subida se le hizo muy difícil, cada vez el camino era más imposible para ella.  Cuando llegó a la cima se dio cuenta que todavía le quedaban muchos parajes que travesar. “Encontraré las colinas que subir, llevare estos palos conmigo”-  pensó Helena.
Helena nunca llegó a las montañas que tanto deseaba, un día calló exhausta en el camino y no pudo recuperarse. Sus cargas hicieron que el camino se le hiciera más arduo y complicado.


lunes, 2 de junio de 2014

¿quién soy?


Hace unos días me recomendaron que hiciera un ejercicio. "Tienes que dejar de pensar lo que hiciste o lo que dejarás de hacer, siéntate y piensa: quien eres, qué quieres, qué necesitas..."
¿Parece fácil verdad?... 

Y encontré una historia con la que me sentí identificada... 

Una mujer muere y va al cielo, cuando San Pedro la recibe abre un gran libro encima de su escritorio y le pregunta ¿quién es? Ella sin pensarlo le responde: Soy Elena. Él no se inmuta y replica: No te pregunté tu nombre, pregunté quién eres? Ella no hace mucho caso y responde, soy la esposa del alcalde. Mirándola San Pedro le dice: No pregunté quién era tu marido, sino quién eres tú? Ella respira hondo, un poco nerviosa y contesta titubeando: Soy diseñadora de interiores. Él baja la cabeza y vuelve a decir: No te pregunté a qué te dedicabas, te pregunté quién eres? Ella impaciente y nerviosa replica: soy madre. Él cierra el libro y dice: No te pregunté si tenías hijos, te pregunté quién eres? Ella nerviosa dice: soy mujer, sí, una mujer; así me hizo Dios. San Pedro la mira fijamente y le dice: No te pregunté tu sexo, sino quién eres? Ella empieza a lagrimear ansiosamente y contesta: heterosexual. No pregunté por tu inclinación sexual, sino quién eres tú? Ella llora desconsolada porque tiene miedo. San Pedro murmura: Todos son iguales, se ufanan de tantas cosas y olvidan lo indispensable. Se levanta, toca su barbilla y da unas vueltas y le dice a la mujer: Por esta vez, haré una excepción contigo. Regresa y averigua quién eres, sólo es una tarea; siempre fue sólo una. Porque quiero una respuesta cuando vuelvas."



¿y tú sabes quién eres?...




viernes, 14 de febrero de 2014

DesPediDaS

Cuando llegué al aeropuerto, no podía sacarlo de mi mente, ni dejar de buscarlo entre la gente que pasaba. La fila para hacer el chequeo fue larga, además de no saber si tendría que pagar el sobre peso. Llegada al mostrador, tuve que comprar un pasaje de regreso (yo pretendía entrar al país, no salir de él). Las maletas pasaron sin problema alguno , y finalmente yo estaba libre para dedicarme a su búsqueda, esos minutos antes de embarcar. Nada, miré en todas las direcciones y no lo reconocí en ninguno de los rostros allí expuestos. Ya con la esperanza resignada, justo cuando iba a ingresar a la sala de espera – inaccesible para aquellos que no van a viajar -, lo vi sentado a lo lejos, como esperándome desde siempre, como sabiendo que ese día de nuestras vida se congelaría allí, para separarnos indiscriminadamente. Solté lo que tenía en mis manos y corrí a sus brazos, nuestros ojos se llenaron de lágrimas, nunca antes sentí su corazón latir tan fuerte como ese instante. Tenía una bolsa llena de pequeños chocolates

-         Son para vos, cuando se te acaben te enviaré más.

El reloj en contra y nosotros ahí, doliéndonos profundamente.
  
-         Tengo que irme.

-         Lo sé, cuídate mucho por favor, y no me olvidés demasiado pronto.

-         No lo haré.

    Nos besamos con el mismo temor que lo hicimos la primera vez, sabiendo que algo dentro del otro cambiaría a partir de ese beso, en aquellas pocas semanas habíamos entregado más, de lo que entregamos a nadie en nuestras vidas.

    El “Te Amo” quedó implícito en el aire, yo partí con lágrimas en los ojos, y mientras despegaba el avión, lo imaginaba mirando hacia el cielo, conteniéndome en sus recuerdos.

    Han pasado muchos meses después de eso. Evidentemente no volvimos a tener contacto, aquella bolsa de chocolates duró lo que pudo, cada vez que comí uno, que regalé uno, o inclusive que los compartí con mi pareja, él estuvo presente de alguna forma poderosa. Los chocolates finalmente se acabaron… excepto uno, que conservo en mi mesa de noche, porque siempre supe que jamás recibiría otra bolsa.

lunes, 23 de diciembre de 2013

LaS PiEdRaS del 2013...

Lucía les explico la siguiente historia a sus alumnos

- "Un hombre que iba por el camino tropezó con una gran piedra. La recogió y la llevó consigo. Poco después tropezó con otra. Igualmente la cargó. Todas las piedras con que iba tropezando las cargaba, hasta que aquel peso se volvió tan grande que el hombre ya no pudo caminar. ¿Qué pensáis sobre este hombre?"

- "Que es tonto", respondió un alumno. "¿Para qué cargaba las piedras con las que tropezaba?"


Y lucía les dijo:

- "Eso es lo que hacen aquellos que cargan los insultos que otros les han dicho, los errores sufridos, e incluso la amargura de las propias equivocaciones. Todo eso lo debemos dejar atrás, y no cargar las pesadas piedras del rencor contra los demás o contra nosotros mismos. Si hacemos a un lado esa inútil carga, si no la llevamos con nosotros, nuestro camino será más ligero y nuestro paso más seguro."




*Cuento chino

miércoles, 27 de noviembre de 2013

...El cambio se inicia cuando se decide....

Pudiera cumplir mil años....y hasta en el último suspiro de mi vida estaría aprendiendo algo nuevo...

...y se plantan aquí y llegan como un ciclón, los 30!...arrasando con todo lo que pueden, llenando mi vida de tantas cosas... Pudiera decir que los odio, que llegan en el peor momento, que no los quiero ni ver, que no me traen nada bueno, que traen arrugas, decisiones, problemas... ¡Vamos que no me gustan!... o quizás no son ellos los que no me gustan...



Aunque pensándolo mejor, pudiera decir que me traen tantos cambios, tantos aprendizajes: pensar en mi, mi tranquilidad, darme cuenta de todos aquellos que están a mi lado (los que siempre están, los que se fueron y los que acaban de llegar...), aprender a quererme... Pudiera decir que tengo suerte.

Me encantan... Lo acabo de ver, ¡me encantan!.

Adoro cada instante que ha pasado en estos 30:

- Vuestro apoyo incondicional
- Darme cuenta que eres mi hada madrina
- Ohana
- Dejar una carrera para pasarla en el bar contigo...
- odiarte por primera vez para pasar a ser mi mejor amigo
- Comprarme un vestido  en el "Jovenalla"
- Viajar a Nicaragua y llevar el país en el corazón
- Los batidos
- Dejar una carrera para empezar otra y conoceros
- Suspender psicología y conocerte
- Superar baches difíciles
- Trabajar contigo
- las navidades familiares
- navegar por el Ganges a vuestro lado
- bañarme con tiburones con el cinturón puesto
-Ser peregrina sin fuerzas
-Ser peregrina con otra actitud
- Cruzarme con tu mirada en un tren
- Lilo & Stix, DaKi Kutrobi, Spectacular, Hermione, ipi, cuchiflutis...
- Ver Harry potter con alguna copa de más
- Vivir en Vic
- Volver a casa
- ver Karate Kid
- ser profe en una escuela de adultos
- Los domingos y sus compañías...
- Los mojitos de fresa y las piñas coladas
- Yo canto
- Los mercados medievales
- Reir en improfighter
- Dj Paqui
- ....

¡Puedo decir que tengo suerte! y que me encanta cumplir años... Pero sobretodo que me encanta cumplir años rodeada de esta manera...

Puedo decir GRACIAS, gracias a todos los que estáis, estaréis o habéis estado en estos 30... Nos vemos en los 30 siguientes....





martes, 12 de noviembre de 2013

CaMiNaNdO...

Solía pensar que había cosas imposibles, pero me di cuenta que tenía las creencias mal adquiridas. No hay nada imposible, lo que si hay es miedo, mucho miedo a realizar lo que uno quiere. Y el miedo no esta en hacer las cosas que uno quiere, el miedo esta en los resultados.... ¿y si no me sale bien?. ¿y si me hace daño? ¿y si no soy lo suficientemente buena?


Quizás como todos, tengo tantas miedos... Miedo a volver a empezar, miedo a fracasar, miedo al futuro y miedo al pasado, miedo a aceptar como soy....
Hoy vi un vídeo que me hizo pensar que aveces no valoramos ni vivimos el presente. Nos aferramos al pasado o bien queremos que pase todo rápido para que llegue el futuro. He decidido disfrutar del presente, así venga con cosas malas o con cosas muy buenas...



Así que esto consiste en seguir caminando, y seguir quitando las piedras del camino, sin yo misma hacerlas más grandes...

 Como dice Jorge Bucay: Los obstáculos los trajistes tu!

Voy andando por un sendero.
Dejo que mis pies me lleven.
Mis ojos se posan en los árboles, en los pájaros, en las piedras. En el horizonte se recorte la silueta de una ciudad. Agudizo la mirada para distinguirla bien. Siento que la ciudad me atrae.
Sin saber cómo, me doy cuenta de que en esta ciudad puedo encontrar todo lo que deseo. Todas mis metas, mis objetivos y mis logros. Mis ambiciones y mis sueños están en esta ciudad. Lo que quiero conseguir, lo que necesito, lo que más me gustaría ser, aquello a lo cual aspiro, o que intento, por lo que trabajo, lo que siempre ambicioné, aquello que sería el mayor de mis éxitos.
Me imagino que todo eso está en esa ciudad. Sin dudar, empiezo a caminar hacia ella. A poco de andar, el sendero se hace cuesta arriba. Me canso un poco, pero no me importa.
Sigo. Diviso una sombra negra, más adelante, en el camino. Al acercarme, veo que una enorme zanja me impide mi paso. Temo… dudo.
Me enoja que mi meta no pueda conseguirse fácilmente. De todas maneras decido saltar la zanja. Retrocedo, tomo impulso y salto… Consigo pasarla. Me repongo y sigo caminando.
Unos metros más adelante, aparece otra zanja. Vuelvo a tomar carrera y también la salto. Corro hacia la ciudad: el camino parece despejado. Me sorprende un abismo que detiene mi camino. Me detengo. Imposible saltarlo
Veo que a un costado hay maderas, clavos y herramientas. Me doy cuenta de que están allí para construir un puente. Nunca he sido hábil con mis manos… Pienso en renunciar. Miro la meta que deseo… y resisto.
Empiezo a construir el puente. Pasan horas, o días, o meses. El puente está hecho. Emocionado, lo cruzo. Y al llegar al otro lado… descubro el muro. Un gigantesco muro frío y húmedo rodea la ciudad de mis sueños…
Me siento abatido… Busco la manera de esquivarlo. No hay caso. Debo escalarlo. La ciudad está tan cerca… No dejaré que el muro impida mi paso.
Me propongo trepar. Descanso unos minutos y tomo aire… De pronto veo, a un costado del camino un niño que me mira como si me conociera. Me sonríe con complicidad.
Me recuerda a mí mismo… cuando era niño.
Quizás por eso, me animo a expresar en voz alta mi queja: -¿Por qué tantos obstáculos entre mi objetivo y yo?
El niño se encoge de hombros y me contesta: -¿Por qué me lo preguntas a mí?
Los obstáculos no estaban antes de que tú llegaras… Los obstáculos los trajiste tú.

viernes, 10 de mayo de 2013

Maneras de actuar

Gracias a una amiga vuelve a la carga mi creatividad y mi inspiración...mientras me pongo a trabajar os dejo una historia muy interesante que me ha hecho pensar, sobre creencias que no nos dejan avanzar. Un poco de humor y reflexión para este viernes.

Un psiquiatra trataba a un hombre que creía ser un cadáver. Pese a todos los argumentos “lógicos” que el psiquiatra le daba, el paciente persistía en su creencia: se creía un cadáver.Finalmente al psiquiatra se le “encendió la lamparita” y le preguntó al hombre:
“¿Pueden sangrar los cadáveres?
El paciente respondió:” ¡Eso es absurdo, los cadáveres no sangran!”
El psiquiatra le pidió permiso, y le pinchó el dedo con una aguja y le extrajo una gota de sangre.
El paciente, se quedó mirando el dedo, completamente atónito, sorprendido, y al rato exclamó:
“¡Que me aspen! ¡Ahora resulta que los cadáveres sangran!”
Abraham Maslow